Hay un hombre, un hombre que siempre vivió su vida como se suponía que debía hacerlo. Fue a la escuela de leyes como su padre siempre había soñado. Se casó con la mujer que su madre siempre había soñado. Tuvo los hijos que su esposa siempre había soñado. Trabajó como su jefe siempre había soñado que un empleado lo hiciera. Todos los días se levantaba muy temprano para ir a trabajar y ganar el dinero suficiente para pagar la universidad que sus hijos siempre habían soñado. Todos lo respetaban por ser siempre lo que esperaban que fuera; el mejor padre, el mejor empleado, el mejor hijo, el mejor estudiante, el mejor esposo, el mejor hombre. Él vivía para los demás y cada día se entregaba por completo pero, las noches eran sólo suyas; nadie se las podía quitar. Todas y cada una de ellas, se sentaba en su cama, después de asegurarse de que su esposa dormía, y sacaba del cajón una pequeña cajita de madera. La contemplaba por horas y cuando tenía el valor, la abría. Dentro de esa diminuta cajita, el hombre guardaba todos sus sueños, sus anhelos, sus deseos. Y cada noche los dejaba salir para respirar su delicado aroma a libertad, a vida. Todos esos sueños eran sólo suyos y los vivía en su mente una y otra vez. Repasaba cada detalle, viajaba hacía donde su corazón le suplicaba que fuera y vivía la más dulce de las fantasías. Solo en sus sueños podía ser el mismo, volar por los cielos sin ataduras ni cadenas; respirar.
Y entonces se hizo costumbre, y cada noche abría su cajita de madera y se transportaba hacia donde podía ser feliz. Pero cada noche que pasaba, era más difícil cerrar esa cajita. Cada noche se volvía más difícil renunciar a aquellas aventuras que sólo en su imaginación podía vivir. Cada noche se volvía más difícil decirle adiós a ese primer amor que jamás floreció. Cada noche se volvía más difícil enterrar sus ganas de conocer el mar, de aprender a volar un avión, de vivir en el campo. Así pasaron miles de noches, duras batallas entre el hombre y su corazón. Pero hubo una noche, donde el hombre no pudo más, su corazón lo derrotó en la batalla final y no pudo volverse a encerrar en su pequeña prisión de madera. Sus sueños se quedaron en el aire y lo perseguían a donde quiera que fuera; lo atormentaban; lo asechaban todo el tiempo. Sentía que estaba al borde la locura y que ya nada podría ser peor; y entonces, el hombre despertó.
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jueves, 29 de abril de 2010
jueves, 8 de octubre de 2009
Broken..
El otro día, iba caminando por la calle y, entonces, la vi. Tendría unos quince o dieciséis años; su enmarañado cabello dorado cubría su rostro, pero eso no impedía que se pudiera mirar su pálido rostro entre el caos de sus rizos. Pienso, que ni siquiera una máscara hubiera podido esconder toda esa pena y ese dolor que sus labios gritaban en silencio. Pienso, que ni todo el maquillaje del mundo hubiera podido disfrazar el púrpura intenso de su mejilla. Pienso, que ni el corsé más grande hubiera podido ocultar esos ocho meses que llevaba en su vientre. Entonces, un rayo de sol reveló la lluvia que nacía en sus pupilas; la muda tormenta que llevaba en su interior. Cruzamos miradas, sonreí; ella bajó la cabeza, respiró profundamente y alzó la mirada; sólo para regalarme esa sonrisa quebrada y temblorosa, que me paralizó por completo. Entonces supe, que nadie le volvería a hacer daño.
miércoles, 24 de junio de 2009
Maria
María
Maria sentada
Maria sentada sola
Maria sentada sola en un sillón
María sentada sola en un sillón color ocre
María sentada sola en un sillón color ocre viendo la lluvia caer
María sentada sola en un sillón color ocre sintiendo la lluvia caer con una botella en la mano
María sentada sola en un sillón color ocre sintiendo la lluvia caer
Maria sentada sola en un sillón color ocre
Maria sentada sola en un sillón
Maria sentada sola
Maria sentada
Maria
- Por Verónica Rocha.
Los nombres, personajes y situaciones son ficticios, aunque pueden llegar a estar basados en hechos reales.
Se me ocurrió de la nada, mientras esperaba que sandy y scarlett llegaran...
es algo diferente a lo que acostumbro pero nose.. sólo salió..
Maria sentada
Maria sentada sola
Maria sentada sola en un sillón
María sentada sola en un sillón color ocre
María sentada sola en un sillón color ocre viendo la lluvia caer
María sentada sola en un sillón color ocre sintiendo la lluvia caer con una botella en la mano
María sentada sola en un sillón color ocre sintiendo la lluvia caer
Maria sentada sola en un sillón color ocre
Maria sentada sola en un sillón
Maria sentada sola
Maria sentada
Maria
- Por Verónica Rocha.
Los nombres, personajes y situaciones son ficticios, aunque pueden llegar a estar basados en hechos reales.
Se me ocurrió de la nada, mientras esperaba que sandy y scarlett llegaran...
es algo diferente a lo que acostumbro pero nose.. sólo salió..
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jueves, 18 de junio de 2009
una Paco Pérez y unos Juan Castillo…
Annette estaba apuradísima con los preparativos de la fiesta; ésta será la mejor fiesta del año, pensaba mientras bordaba cuidadosamente los manteles que planeaba usar para el evento. Llevaba ya dos semanas limpiando y remodelando la casa, pues le aterraba preguntarse qué iban a pensar los invitados si veían sus muebles viejos o sus cuadros con obras que no eran precisamente de Da Vinci. Pensarán que no tengo dinero; que no tengo clase; se repetía una y otra vez, atormentándose. Mientras tanto, Marí, su hija, llegaba de la guardería y corría hacia ella con los brazos abiertos, lista para darle a su madre un enorme abrazo. Cuando Annette la vio, se levantó súbitamente y gritó a la pequeña que no se acercase; pues Marí llevaba un poco de chocolate en su blusón y sería una desgracia que manchara el vestido nuevo que Annette llevaba ese día para la cena con los vecinos. Marí no se sorprendió; su madre llevaba meses actuando de esa manera; desde que se habían mudado a su nuevo vecindario. Siempre había un desayuno, almuerzo, comida, merienda o cena que Annette no se perdía para ir a mostrar sus nuevos zapatos o sus nuevas gafas de diseñador. Desbordaba glamour y clase por donde quiera que pisara; y por las noches su brillo se opacaba mientras daba vueltas entre las sábanas planeando lo que se pondría el día siguiente. “La bolsa Paco Pérez ya la usé el mes pasado.. Los zapatos Jorge Castillo rojos ya me los vió Lety..” pensaba mientras veía a su esposo dormir. El pobre trabajaba tan duro para cumplir los caprichos de su mujer, que por las noches caía rendido ante el colchón y aplazaba el momento de arropar a su hija y contarle su cuento favorito para el día siguiente; siempre el día siguiente. Y los días pasaron y pasaron; y Marí se quedó sin su abrazo, sin su cuento; sin sus padres… Y todo por una Paco Pérez y unos Juan Castillo…
- Por Verónica Rocha.
Los nombres, personajes y situaciones son ficticios, aunque pueden llegar a estar basados en hechos reales.
- Por Verónica Rocha.
Los nombres, personajes y situaciones son ficticios, aunque pueden llegar a estar basados en hechos reales.
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